LAS BREVES PALABRAS XXXIX




EL FANATISMO


Mis breves palabras de hoy tratan sobre un tema que debería alarmarnos y ser motivo de profunda reflexión: el fanatismo. 

La proliferación de los fanáticos (y, por supuesto, de las fanáticas) indica que transitamos tiempos oscuros con poco espacio para todos aquellos que confían en el razonamiento y el diálogo.

Porque no es cuestión de justificar los fanatismos como actitudes de apasionamiento circunstancial y extremo, cuando en realidad son comportamientos irracionales y prepotentes sin más. Da lo mismo que los motivos sean un deporte competitivo, doctrinas religiosas, ideologías o personajes políticos, morales, objetos útiles o inútiles, patrias, comidas o regímenes dietéticos, paradigmas pedagógicos, fobias, tecnologías, machismos o feminismos, irrefutables certezas científicas, músicas, estéticas, palabras, sexo, ideales y mil motivos más, propicios para transformarse en objetivos de fanatismos implantados, de manera burda o sutil, por las modas de los intereses económicos globales.

Porque los fanatismos no se generan solos, del mismo modo que los fanáticos y las fanáticas son premeditadamente modelados para actuar al servicio de propósitos que poco tienen que ver con el entusiasmo colectivo espontáneo.

En cualquier caso, un individuo comienza a ser fanático cuando decide, por ejemplo, que sus ideales son los únicos auténticos que debe practicar, defender e imponer por todos los medios a su alcance. A partir de este momento, renuncia a cualquier objetividad, a cualquier sentido crítico, y se entrega ciegamente a su fanática causa que no entiende de razonamientos sino que únicamente puede proceder de planteos rígidos e inamovibles.

Lo infalible no existe, la perfección que en tantas ocasiones se pretende alcanzar, tampoco. Posiblemente el fanatismo sea miedo a pensar por sí mismo,  miedo a cuestionarse y reflexionar. Miedo al sentido final de la vida que no podemos dilucidar. Miedo al silencio fundamental que carece de respuestas.

Una turba de fanáticos dispuesta a enfrentarse con otra turba de fanáticos, ambas defendiendo a palos sus absolutas verdades, ha sido a lo largo y ancho de la historia humana sinónimo de brutalidad, dolor y retroceso evolutivo. Sólo el diálogo constructivo y responsable nos permitirá crear un mundo mejor. Sé que mis palabras, considerando la realidad que nos circunda, pueden sonar a falso idealismo, a utopía irrealizable… ¿Será que sólo nos resta aceptar pasivamente la peor mediocridad y renunciar a luchar con creatividad e imaginación por las transformaciones?




Hoy he elegido para destacar la ciudad de AUROVILLE, fundada por MIRRA ALFASSA, también conocida como “la madre” (París, 1878- India, 1973), en Villupuram, India, bajo el amparo de la UNESCO, en 1968.

AUROVILLE es una ciudad universal en la que hombres y mujeres de todas las nacionalidades, culturas y religiones conviven en unidad, paz y armonía.

La arquitectura experimental, el reciclaje, el uso de energías renovables, la agricultura ecológica con una producción propia para el autoconsumo (cereales, hortalizas, frutas, leche), son objetivos prioritarios de una comunidad en la que no se utiliza dinero sino que la economía funciona a través del trueque, y en la que la organización social y la justicia la ejercen los residentes más adultos y experimentados. 




MIRRA ALFASSA, la fundadora de AUROVILLE, consideraba que debería haber en la Tierra un lugar que ninguna nación pudiese reclamar como suyo; donde todo ser humano de buena voluntad pudiera vivir libre como ciudadano del mundo; un lugar de paz, de concordia y de armonía donde todo instinto de lucha fuera usado para vencer sufrimientos y miserias, superar debilidades e ignorancias y triunfar sobre las limitaciones y las incapacidades; un lugar donde prevalezcan las necesidades del espíritu sobre lo material.

AUROVILLE: una comunidad utópica que se va haciendo realidad lentamente; inevitablemente imperfecta, abierta a los cambios y las transformaciones, intentando nuevas formas de convivencia.






 Marcos Ana

El autor que he elegido hoy es el poeta español MARCOS  ANA (Fernando Macarro Castillo, Alconada, Salamanca, 1920 – Madrid, 2016). Encarcelado entre 1939 y 1961, fue el preso político que permaneció más tiempo en las cárceles del período franquista (liberado gracias a las gestiones de Amnistía Internacional), donde escribió la mayor parte de su bella y conmovedora obra poética, centrada en su confinamiento y sus anhelos de libertad y justicia.

Paradojas del destino y contradicciones de la política: MARCOS ANA, ya en el final de su vida recibió, en 2009, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo otorgada por el gobierno de España; en 2010, el gobierno vasco le entregó el premio de Derechos Humanos René Cassin; y por último, en 2011, fue distinguido por el Consejo de Ministros de España con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.  



Mi vida,
os la puedo contar en dos palabras:
un patio y un trocito de cielo
por donde a veces pasan
una nube perdida
y algún pájaro huyendo de sus alas.



AUTOBIOGRAFÍA

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.
Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.
Preso desde mi infancia
ya muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.
Mas no hay sombra de arcángel
vengador en mis venas:
España es sólo el grito
de mi dolor que sueña



TE LLAMO DESDE UN MURO

Oye, hermano, te llamo desde un muro;
clavado entre unas piedras
donde las sombras hacen su nidada.
Hablo desde la pena.
Entre los huesos mismos del dolor te llamo.
Mi voz, como esas hierbas
que en la ranura de una roca crecen,
se ha mantenido pura:
no escupió a su bandera,
ni doblegó sus hombros,
ni ha mentido canciones,
ni se pasó al Oscuro.

Veinte veces cruzó la primavera,
y mis alas en un cepo atrapadas,
y el ardor de mi sangre entre cadenas.
Pero hoy mi voz –sin llanto– te reclama;
mi lengua es una herida que flamea,
como un pájaro ardiendo en tu ventana.

Ni un día más, amigo. No consientas
este tropel de muros obcecados;
tanta luz sin salida, tanta puerta
cerrada ante mis ojos.
Mi corazón te espera,
aguarda a tu palabra, y en los muros
como un río apresado se golpea.



¡BUSCAD ACERO!

Aún es de sueño la llave,
y sólo aroma la puerta.
¡Amigos, buscad acero;
forjad la llave maestra
con la voz del pueblo entero!

La llave de la amnistía,
para el corazón del hombre
prisionero en la agonía.

Aún es de viento la llave,
y sólo silba en la puerta,
¡Amigos, buscad acero;
forjad la llave maestra
con la voz del pueblo entero!

La llave de la amnistía,
para el alma que florece
llanto en el revés del día.

Aún es de llanto la llave,
y se derrama en la puerta.
¡Amigos, buscad acero;
forjad la llave maestra
con la voz del pueblo entero!

La llave de la amnistía,
que de par en par nos abra
los campos de la alegría.



HASTA LAS PIEDRAS

La piedra silente llora;
el muro cerril, el hierro
de los cerrojos, las losas.
Las cadenas, ya gastadas,
sus eslabones deshojan.

Hasta el carcelero siente
un alma bajo su ropa.
(Pero hay un reloj terrible
que estanca sus negras horas
con odio y sangre en la esfera
sin alba de sus mazmorras).

La vida entera nos llama.
Vierten lágrimas las rocas.
Se abren las casas. Esperan
en los umbrales mil rosas.

¡Nuestro amor reclama el niño
con su voz de tiernas hojas!
La libertad va dejando
de voz en voz, clamorosa,
los resplandores de un grito
como una estrella en la boca.
(Pero hay un reloj terrible
–ciego Caín sin aurora–
que en su noche de odio y sangre
sigue estancando las horas.
Guadañas son sus agujas
en un cadalso de sombras).



¿LA VIDA?

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros.
Habladme del mar, habladme
del olor ancho del campo,
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llave,
como la choza de un pobre.

Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del Amor, no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?

¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mis losas?

Veintidós años... Ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma... Escribo
a tientas: “el mar”, “el campo”...
Digo “bosque” y he perdido
la geometría de un árbol.

Hablo, por hablar, de asuntos
que los años me borraron.
(No puedo seguir, escucho
los pasos del funcionario).



MI CASA Y MI CORAZÓN

(Sueño de libertad)
Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.

Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
la luna, mi dulce amante.

Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.

Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.



MI CORAZÓN ES PATIO

La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.

Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio).

A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
Y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando”.
Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.

“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho...

Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño que
da al campo).

Amanezco, y ya todo
–fuera del sueño– es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.

¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo
–fuera del sueño– es patio.

(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
–hasta en el sueño– es patio.

Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.

(Un patio donde giran
los hombres sin descanso).



ALMA NO LLORES

Y no basta decir: “alma, no llores”,
si ves a un corazón que va dejando
la vida entre furiosos desgarrones.

Hay lágrimas que tienen estatura
de estrellas indomables
y es de acero o de roble su ternura.





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